La domótica… De un capricho para ricos a una herramienta de ahorro


El término domótica viene de la unión de las palabras domus (que significa casa en latín) y tica (de automática, palabra en griego, ‘que funciona por sí sola’) y, según explica la propia Real Academia Española de la Lengua, es el “conjunto de sistemas que automatizan las diferentes instalaciones de una vivienda”.
El principal objetivo de estas tecnologías es la mejora de la calidad de vida incrementando la comodidad de los inquilinos, sin embargo, últimamente se está imponiendo como una tendencia en el mundo de la ecología
 
La domótica es la automatización y el control aplicados a la vivienda que se realiza mediante equipos que disponen de capacidad para comunicarse interactivamente entre sí, y con la capacidad de seguir las instrucciones de un programa previamente establecido por el usuario de la vivienda y con la posibilidad de diferentes cambios según se quiera. Un sistema domótico es capaz de recoger información proveniente de unos sensores o entradas, procesarla y emitir órdenes a unos actuadores o salidas. El sistema puede acceder a redes exteriores de comunicación o información.
La tecnología aplicada al hogar comenzó como una mejora de confort y comodidad gracias a la posibilidad del control a distancia o teleoperación, es decir, era una tecnología, al alcance sólo de unos pocos bolsillos, que te permitía controlar desde la televisión o el equipo de música hasta las cortinas o las luces sin moverte del sillón. Este comenzó siendo su atractivo, te facilitaba la vida en la medida que te ahorraba desplazamientos: era el mando a distancia de la casa.
Esta situación supuso el desarrollo de un mercado puramente vertical, donde los equipos domésticos que se desarrollaban eran totalmente independientes, es decir, que funcionan de forma autónoma, sin necesidad de comunicarse con otros dispositivos del hogar. Por ello, la domótica estaba relegada a un mercado muy reducido, comparado con la totalidad del mercado de productos domésticos, y limitándose, por tanto, a dar respuesta a necesidades de control en la vivienda. Por ejemplo, las posibilidades de comunicación con el exterior se reducían a sencillas transmisiones de señales o avisos de alarma o al control remoto de un número reducido de sistemas o equipos.
Pero el sector de la domótica ha evolucionado considerablemente y las posibilidades se multiplicaron con la capacidad de recoger información proveniente de unos sensores o entradas, procesarla y emitir órdenes a unos actuadores o salidas. La red de control del sistema domótico se integra con la red de energía eléctrica y se coordina con el resto de redes con las que tenga relación: telefonía, televisión, y tecnologías de la información, cumpliendo con las reglas de instalación aplicables a cada una de ellas.
Con las denominadas TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones), se ha forjado una nueva forma de entender la aplicación de tecnología en la vivienda, mucho más positivista y realista, donde lo único importante es el propio usuario y no ésta.
Mediante la incorporación de estos sistemas se puede gestionar inteligentemente la iluminación, climatización, agua caliente sanitaria, el riego en el jardin, los electrodomesticosy demas, aprovechando mejor los recursos naturales y utilizando las tarifas horarias de menor coste. Todos ellos para conseguir ahorrar agua, gas y, sobre todo, electricidad, mientras se gana en confort y seguridad.
Desde los típicos controladores de la calefacción hasta sistemas de gestión del agua, iluminación, gas o incluso sistemas automáticos de persianas y toldos basados en sensores de incidencia solar y temperatura. De hecho, según los datos manejados por el IDAE, se puede llegar a ahorrar más del 50 por ciento del consumo eléctrico de un hogar en función de múltiples variables. De ahí que, en muchas ocasiones la domótica no se observe como un gasto a la hora de realizar una reforma en la vivienda, sino como una verdadera inversión de futuro.
Como explican en el manual difundido por el Instituto para la Diversificación y el Ahorro Energético (IDAE) titulado Cómo ahorrar energía instalando domótica en su vivienda, “aprovechando mejor los recursos naturales se puede reducir la factura energética mientras se gana en confort y seguridad”.
Hoy en día, su precio se ha reducido enormemente, pudiendo convertir una casa normal en un hogar domótico por un coste de entre 1.500 y 3.000 euros, lo que equivale a entre el 1,5 y el 2% del coste de las instalaciones de una vivienda, una cantidad que se amortiza en cuatro años gracias al ahorro energético que permiten estos equipamientos.
Es por esto que la domótica aporta soluciones dirigidas a todo tipo de viviendas, incluidas las construcciones de vivienda oficial protegida. Además, se ofrecen más funcionalidades por menos dinero, más variedad de producto, y gracias a la evolución tecnológica, son más fáciles de usar y de instalar. En definitiva, la oferta es mejor y de mayor calidad, y su utilización es ahora más intuitiva y perfectamente manejable por cualquier usuario.
Como consecuencia, la domótica permite una mayor calidad de vida, reduce el trabajo doméstico, aumenta el bienestar y la seguridad y ahorra el consumo de energía. Y es que la domótica se puede implementar en distintos ámbitos del hogar.
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