Una nevera para África


Neveras solares se han inventado otras, pero ninguna tan barata, ni con cero consumo eléctrico, como esta. Ni tampoco, imagino, habrá ninguna ideada por alguien tan joven: la ha inventado Emily Cummins, una chica de 21 años de West Yorkshire, Inglaterra. De tamaño muy reducido, está especialmente pensada para zonas calurosas del Tercer Mundo donde no se dispone de energía eléctrica (o de dinero para comprar una nevera). Es la solución ideal para transportar medicamentos o para conservar leche y carne en muchos rincones de África, sitio en el que la inventora vivió un año (desarrollando diferentes prototipos) y donde todavía la conocen como la “fridge lady” o “señora de la neveras”. Sin aporte eléctrico de ningún tipo, mantiene la temperatura constante a 6 grados centígrados.

Veamos ahora cómo surgió la idea (nacida de la imitación de la naturaleza como tantos otros inventos) y pasemos luego a examinar la construcción concreta de su invento. Según sus palabras (que os traduzco yo), “quería hacerlo realmente simple, así que me puse a investigar cómo refrigerábamos años atrás”. Resultó que “el método más simple de mantener algo fresco podía observarse al fijarse uno en cómo nos refrigeramos biológicamente: a través del sudor o evaporación. Esa idea me llevó al diseño y la nevera vio la luz”.

El así llamado “First Generation Fridge” (Frigorífico Primera Generación) está compuesto por dos cilindros, uno dentro del otro, siendo el interior metálico (en África aprovechaba partes de coches), y pudiendo ser el exterior de plástico o madera. Entre los dos cilindros hay un espacio vacío que se rellena con arena, lana o tierra, y que, para el correcto funcionamiento del aparato, hay que mojar con agua. En entornos calurosos (lástima, si llueve no funciona), la energía del sol provoca la evaporación de ese agua (a través de unos agujeros practicados en el cilindro exterior), refrigerándose así el cilindro interior. Para que siga funcionando, sólo se debe ir empapando de vez en cuando el material del relleno.

Por este, y otros inventos sostenibles y pensados para el Tercer Mundo, Emily Cummins ha recibido diferentes premios, becas e incluso financiación para proyectos similares. ¡Incluso laReina de Inglaterra la ha recibido! Lo más triste del caso es que, por chorradas académicas, la joven no ha podido entrar en la facultad de ciencias que pretendía… y estudia, en la actualidad, un curso de negocios. Yo, de verdad, qué queréis que os diga, estas cosas no las entiendo.

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